¿Cómo era el aula donde estudiabas? ¿De qué manera se organizaba? ¿Era muy diferente a la que asistieron tus padres y tus abuelos o a la que asisten hoy tus hijos o nietos? Probablemente no. El diseño de la mayoría de las aulas de la actualidad se basa en la escuela Prusiana, pensada para el proyecto de vida de la sociedad Europea del siglo XVIII. Este modelo tuvo su origen en Alemania y fue proyectado para formar estudiantes que se vincularían con el Estado o la industria de ese entonces. Con el correr de los años, el mismo modelo fue aplicándose con el fin de sostener el orden social establecido. Algunos aspectos de la organización eran también rigurosamente pensados en los sentidos mencionados: Un régimen horario anunciado por campanas o timbres, uso de uniformes, métodos estrictos para transmitir conocimientos, sistemas de evaluación basados en la detección del error, entre otros elementos. Más de dos siglos de evolución han marcado su impronta en casi todos los órdenes sociales. No obstante, si analizamos las imágenes de las aulas del siglo XVIII y las comparamos con las del siglo XXI encontraremos muy pocas diferencias. Salvo casos excepcionales, un amplio porcentaje de éstas conservan el antiguo diseño de la escuela Prusiana.
En la provincia de San Luis, la realidad no dista mucho de la breve comparación histórica. No obstante, desde Vivir Urbano iniciamos un relevamiento de aquellas escuelas que afrontan el desafío de planificar espacios para el desarrollo de un proceso de enseñanza aprendizaje acorde a los tiempos que vivimos.
Sorprendete junto a nosotros en la próxima edición, donde aportaremos detalles sobre la planificación, el diseño y los recursos que utilizan algunas instituciones de nuestra provincia. Desde fundamentos vinculados con la neuroeducación, la arquitectura, la tecnología, la comunicación y la pedagogía, los nuevos espacios apuestan a la innovación para trascender al paradigma prusiano, que parece estar más vigente que nunca en la mayoría de las escuelas.





