La técnica del tapial o de la tierra comprimida consiste en utilizar un encofrado de madera por ejemplo, dentro del cual se vierte tierra húmeda, que se va apisonando por hiladas. El encofrado, que actúa de molde, es retirado una vez se ha rellenado de tierra y ésta se ha apisonado por completo, dejando la pared de muro de tierra comprimida a la vista. El acabado estético es de capas comprimidas superpuestas, y a veces se juegan con los distintos colores que se encuentran en la arcilla de un entorno, para terminar con un resultado lleno de matices.
Una vez construido el marco para los muros, habitualmente dos paneles paralelos de madera contrachapada, se rellena con capas de tierra húmeda, que generalmente incluye arena, grava, arcilla y un estabilizador (generalmente cemento en poca cantidad). Después de cada capa, se comprime a la mitad de su volumen original, utilizando un compactador neumático. Una vez lleno el marco se retira consiguiendo una pared de tierra apisonada independiente.
Los muros de tierra apisonada deben protegerse con aleros y ser elevados al menos 225 mm sobre el nivel del suelo.

Al ser un material respetuoso con el medio ambiente, fuerte y muy estético, la tierra apisonada tiene un gran potencial para el futuro, tanto como lo fue en el pasado.
La tierra es un material que nuevamente empieza a formar parte de la vida real pero que en muchas ocasiones sucumbe ante las exigencias legales, a pesar de la cantidad de ventajas que ofrece: carácter saludable, amplia disponibilidad, excelente comportamiento térmico, indiscutible adaptación al paisaje, sus posibilidades formales y estéticas de gran fuerza visual y su reciclabilidad indefinida.







