El entorno construido se percibe inicialmente a través de la emoción. Antes que las sensaciones que evoca un edificio lleguen a la conciencia ya hemos hecho juicios sobre los materiales, relaciones espaciales, proporciones, la escala, los ritmos, la comodidad, etc. El diseño es una herramienta estratégica para cambiar la manera en que actuamos y sentimos.
¿Cuánto tiempo pasamos adentro de un edificio.? La mayoría de las personas aproximdamente un 90%. Ignorar la incidencia que esto tiene en nuestro estado de ánimo, productividad o salud es negar en muchos casos las raíces de varios problemas.
Es imprescindible crear espacios más humanos y saludables, que respondan a las necesidades de quienes los ocupan, ya sean estéticas o simbólicas, y es ahí donde entra en juego la neuroarquitectura, imponiéndose en las obras que buscan provocar sensaciones positivas a quienes las habitan, fomentando la creatividad, el trabajo colaborativo, la productividad y el descanso. Actualmente neurocientíficos y psicólogos se ocupan de arrojar un poco de luz sobre misterios del cerebro para revelar cómo y por qué reaccionamos ante la arquitectura a nivel fisiológico.
“La neuroarquitectura reside en la intersección entre la neurociencia, la psicología y la arquitectura”, dice el doctor Oshin Vartanian, profesor en el departamento de psicología de la Universidad de Toronto, en Canadá. “El objetivo es proporcionar un marco empírico para crear ambientes que puedan optimizar el comportamiento humano, la salud y el bienestar”.
Desde siempre los seres humanos hemos reaccionado fisiológicamente a los espacios pero, recién ahora los neurocientíficos pueden medir estas reacciones con el fin de ayudar a construir el entorno.
“Ahora es posible recabar datos fisiológicos como el ritmo cardíaco y datos de la actividad cerebral, con lo que se puede obtener un conocimiento más completo de la respuesta humana a los entornos construidos”, explica Vartanian, que estudia la reacción de las personas ante la arquitectura in situ y en entornos de realidad virtual.
Juzgamos la belleza estética de los paisajes naturales basados en si son o no favorables para nuestra supervivencia. “La misma idea se extiende a los entornos construidos que ofrecen una sensación de seguridad”, comenta Vartanian.
El doctor Colin Ellard, neurocientífico y consultor sobre temas de diseño ha descubierto que nuestro humor y niveles de excitación aumentan cuando nos encontramos ante fachadas diferentes o con texturas. Comprobó su teoría cuando un grupo de personas que formaban parte del grupo de estudio, inconscientemente aumentó el paso. La investigación de Vartanian ha descubierto que las formas curvas tienen un impacto positivo en nuestras emociones y las preferimos a los ángulos agudos. De forma parecida, algunas personas prefieren los espacios diáfanos y techos altos, y reaccionan negativamente ante plantas de distribución muy compartimentada y techos bajos. “Ante una tarea estresante, se da una reacción fisiológica más intensa, si se encuentran en un espacio cerrado que en un espacio que ofrece aberturas, aunque sean virtuales, por donde escapar”, apunta Vartanian. “Debido a que el cortisol es un biomarcador de estrés, equivale a decir que las personas en condiciones de encierro experimentaron más estrés bajo estas circunstancias.”
Los impactos de estos descubrimientos son trascendentales. Explican el sentimiento de asombro que sentimos al pasear entre las ruinas antiguas, como el Machu Picchu en Perú o el Coliseo de Roma. También demuestran que las típicas aulas escolares y las habitaciones de hospital afectan negativamente, cruel ironía, considerando que estos lugares deberían optimizar nuestro rendimiento mental y salud física.
Durante siglos, los arquitectos han entendido este fenómeno de forma intuitiva. Sin embargo, la neuroarquitectura hoy está captando atención internacional redefiniendo el futuro del diseño y ha adoptado la tecnología de la realidad virtual en su práctica arquitectónica. Vartanian predice que “el futuro de esta disciplina es brillante y los neurocientíficos y psicólogos pueden aportar un conocimiento relevante sobre las necesidades de los arquitectos, diseñadores y urbanistas para ayudarles a llevar a cabo sus proyectos de forma más exitosa.”



