La seguridad vial no depende únicamente de la conducta de los conductores. El estado de las calles y avenidas es un factor decisivo que muchas veces queda fuera del debate público.
Baches profundos, señalización inexistente, iluminación deficiente y pavimento deteriorado forman parte de una realidad cotidiana en numerosos municipios que, pese a recaudar impuestos, no garantizan una infraestructura mínima para circular de manera segura.
El mal estado de las calles incrementa considerablemente el riesgo de accidentes. Un conductor que intenta esquivar un pozo puede perder el control del vehículo o invadir el carril contrario. Los motociclistas y ciclistas son quienes sufren las peores consecuencias: una irregularidad en el asfalto puede provocar caídas graves o mortales. Y todo empeora los días de lluvia.
La falta de mantenimiento no solo afecta a quienes manejan. Los peatones también quedan expuestos. Veredas rotas, falta de demarcación y oscuridad convierten el tránsito en una amenaza permanente.
Lo más preocupante es que gran parte de estos problemas podrían evitarse con planificación y mantenimiento constante. Sin embargo, numerosos municipios actúan únicamente cuando ocurre una tragedia o cuando la presión vecinal se vuelve imposible de ignorar. Mientras tanto, los reclamos suelen quedar archivados entre promesas electorales y excusas presupuestarias.
Resulta contradictorio que los gobiernos locales exijan el pago puntual de impuestos y multas de tránsito, pero no cumplan con su responsabilidad básica de garantizar calles en condiciones.
El deterioro de las calles refleja una preocupante falta de prioridades. La seguridad vial no puede depender exclusivamente de campañas de concientización. Requiere inversión en infraestructura, controles y mantenimiento.
La seguridad vial es una responsabilidad compartida. Los conductores tienen obligaciones, y los municipios también. Cuando una calle está destruida, mal señalizada o iluminada en forma deficiente, el minicipio deja de ser parte de la solución y pasa a convertirse en parte del problema.



