Los espacios degradados, particularmente aquellos asociados a usos industriales, acopios, rellenos o abandono, constituyen una de las principales deudas ambientales dentro del tejido urbano. Suelen presentar compactación, pérdida de estructura, baja actividad biológica y, en muchos casos, presencia de contaminantes. Estos sitios representan no solo un problema, sino también una oportunidad para su reconversión.
La fitorremediación es una herramienta eficiente y de bajo impacto para la recuperación de suelos. Se basa en la utilización de especies vegetales y su microbiota asociada para intervenir mediante procesos como la fitoestabilización (inmovilización de metales pesados), la fitoextracción (absorción y acumulación de contaminantes en tejidos vegetales) y la rizodegradación (transformación de compuestos orgánicos en la rizosfera). Estos mecanismos permiten reducir la biodisponibilidad de contaminantes, mejorar las condiciones edáficas y reactivar procesos biológicos esenciales.
El diagnóstico debe incluir análisis físico-químico, identificación del tipo y grado de contaminación y evaluación de riesgos para definir una estrategia de implantación que articule la zonificación del sitio, selección de especies, densidad de plantación y manejo hídrico.
En regiones áridas la eficiencia en el uso del agua es un aspecto central, por lo que se priorizan sistemas de riego localizado durante las etapas iniciales de establecimiento.
La selección vegetal debe responder a la capacidad de adaptación y a la funcionalidad dentro del proceso de remediación. Especies como Atriplex lampa (zampa), tolerante a suelos salinos; Larrea divaricata (jarilla), muy resistente; Prosopis flexuosa (algarrobo), para la estabilización y mejora del suelo; y gramíneas como Nassella tenuissima (stipa), son adecuadas para San Luis. Además a consolidar una identidad paisajística local.
La fitorremediación presenta costos relativamente bajos, mínima intervención y la posibilidad de generar espacios verdes funcionales durante el proceso.



