Un lugar La Carolina

Un paisaje de piedra y oro

Un paisaje de piedra y oro

Al pie del Cerro Tomolasta, a 1750 metros sobre el nivel del mar, está situada esta bellísima “joya” del Departamento Pringles. Algunos emprendimientos forestales, un río de color muy particular y el arte inigualable de las milenarias pircas que cruzan en todas direcciones el paisaje, nos trajeron a este increíble lugar.

La Carolina, localidad fundada por el mismísimo Marqués de Sobremonte en 1792 mantiene aún la imagen del pueblo colonial que albergó el sueño del oro de sus primeros habitantes (aunque la mayor cantidad se iba a Chile y de ahí a Europa) y en sus alrededores todavía podemos apreciar las antiguas minas.

Con muy escasa intervención posterior a su fundación en relación al trazado, a lo largo de una leve pendiente se suceden edificaciones características de aquella época, en cuanto a sus formas y materiales empleados (piedra y adobe) que sobreviven al tiempo y son objeto de admiración por parte de los turistas y de orgullo para sus más de 250 habitantes permanentes.

Un paisaje de piedra y oro

Las casas de piedra de la Carolina entablan un profundo “diálogo” con el paisaje que las rodea, algunas parecen surgir de la propia sierra y resaltan la austeridad, la racionalidad y el sentido práctico de sus espacios simples.

Por cuestiones de estabilidad los muros no sobrepasan los dos o tres metros de altura. Se utilizan piedras del entorno simplemente apoyadas de diversos tamaños y formas, las cuales al estar convenientemente ubicadas no necesitan el rellenado de los intersticios. La piedra, de expresión maciza y fuerte, sigue brindando en La Carolina la solidez y la belleza de antaño.

Las imágenes que acompañan la nota son apenas una muestra de que entre los cauces de los ríos La Carolina y Las Invernadas, la historia no paso de largo y nos dejó un lugar encantado de piedra y oro.

Un paisaje de piedra y oro

Este artículo se publicó en la edición 23 de Vivir Urbano. Leer la edición completa