San Luis ha mostrado en las últimas décadas una gran mutación en su estructura urbana. Si uno analiza cuadra a cuadra la ciudad, puede apreciar una simbiosis de estilos que reflejan no sólo las modas arquitectónicas sino la historia socioeconómica de esta provincia.
Pero cuando uno hace una mirada al pasado puede reconocer grandes estructuras que hoy permanecen de pie y que además son postales simbólicas de la Ciudad de San Luis.
La más reconocida, sin dudas, es la Catedral de San Luis que desde su privilegiada ubicación y su imponente tamaño, ha visto evolucionar con los años a la ciudad y hoy, el gran ícono de nuestro patrimonio arquitectónico, con serios problemas en su estructura frontal es el desvelo de los profesionales encargados de su reparación, de autoridades civiles y religiosas y público en general.

En el año 1836, los feligreses asistían a misa todos los domingos a la iglesia parroquial que por ese momento funcionaba en la calle 9 de julio y Rivadavia. Las misas se celebraron en esa zona hasta el año 1897. La construcción de aquella iglesia era de adobe y paja.
Los planes de construir una Catedral comenzaron a hacerse realidad un 25 de marzo del año 1883, día en el cual se colocó la piedra fundacional de la estructura en donde sería su ubicación definitiva (Rivadavia y Pringles).
El edificio tardó más de sesenta años en terminarse y tiene más de un siglo de historia.

La nave principal fue inaugurada el primero de noviembre de 1897 y en 1906 se consagran los altares y se habilita a la iglesia a dar misa en el edificio, aún en construcción.
En el año 1924 se concluye con la torre campanario y posteriormente, ya en 1944, queda terminada la otra torre que contiene el reloj y parte del frontispicio.
En el interior, descansan los restos de Monseñor Pedro Dionisio Tibiletti, primer obispo de San Luis y del Coronel Juan Pascual Pringles, héroe puntano de la independencia.

Su planta arquitectónica tiene la forma de una cruz latina inscripta dentro de un rectángulo en la cual se desarrollan una cúpula semi esférica en la parte posterior y una nave central con capillas laterales.
Las pinturas murales de su interior y el frontispicio, de corte neoclásico, ornamentado en impactantes bajos relieves que conmemoran la vida de San Luis Rey de Francia, son obras del pintor y escultor italiano Líbero Pierini (1907 – 1963).
El proyecto original fue obra del ingeniero Pedro Lussetti y se encargó la dirección del mismo a los arquitectos Sartorio y Deluiggi.
En 1975 la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares históricos declara, como lugar histórico al solar donde se encuentra la Catedral de San Luis, ya que en 1816 se jura allí, la Independencia.
Los encargados de la obra señalan que aún desconocen el tiempo total que demandarán las reparaciones, aunque indicaron que, como mínimo, será de noventa días.
El comportamiento del suelo es, sin duda, la causa principal del deterioro estructural de nuestra Catedral. Sus seis columnas han cedido y han aparecido severas fisuras en ellas, por lo que, ahora es necesario reforzar, de acuerdo a la decisión técnica de los especialistas encargados de su refacción, con inyección de cemento en su fundación y vigas de refuerzo en la plataforma de la nave principal. El trabajo en particular es incorporar una serie de micropilotes inyectados con cemento de alta presión por cada columna con una sonda hasta el fondo de la base. También se realizarán dos capas de hormigón y vigas, para estabilizar la estructura y evitar futuras fallas estructurales. Luego se deberán realizar las restauraciones de los pisos de piedra, revoques, cornisas y molduras.
El atrio y la nave central de la Iglesia fueron construidos en diferentes épocas y el hundimiento de las columnas frontales también produjo que la cubierta del atrio se despegara de la nave principal, apareciendo algunas grietas y desprendimientos de revoques.
Es de suma importancia volver a unir el atrio con el edificio de la Iglesia y para dar solución a este problema es que se ha optado por realizar un enrejado de hormigón armado y tensores.
Además de los arreglos que necesita el atrio de la Catedral para reparar las columnas que se agrietaron y acondicionar el frontispicio, se agrega la necesidad de restaurar la cúpula del templo ya que se ha detectado una importante fisura en el cielorraso de la nave central. Según opiniones de profesionales consultados, si bien coinciden en que la cúpula estaría ejerciendo presión, aún no se ha podido establecer claramente las causas de la fisura.



