El color fue un elemento clave en la realización del proyecto y generador de puntos de referencia para dar vida a la Plaza de los Niños.
El proyecto debía acoger un programa amplio y variado en el cual la gente de la Ciudad de La Punta logre la apropiación del sitio y conciba la plaza como un lugar de pertenencia, representa de por sí, un gran desafío urbanístico, social, político y cultural.
El diseño de la Plaza de los Niños se basa en la problemática de los espacios públicos sin apropiación y mantenimiento de parte del estado. La misma se encontraba en profundo estado de degradación. Se partió de la idea de que era la plaza de los niños y ellos iban a ser quienes darían sentido al espacio, pero se buscó ampliar el espectro de usuarios conteniendo también a adolescentes y adultos, proponiendo actividades diferentes para cada grupo de acuerdo a sus preferencias. Para ello se sectorizó la plaza de acuerdo a las actividades localizando el espacio para niños pequeños en el corazón del predio, adyacente a un espacio para los padres a fin de tener control visual de los mismos. Los lugares para recreación de usuarios más dinámicos, como los adolescentes, sobre el borde de la plaza. Se incluyeron espacios de encuentro, con mobiliario urbano que no tenga mantenimiento para que perdure en el tiempo, acompañados de vegetación en altura. La fuente contiene tres espejos de agua en distintos niveles que enmarcan un gran espacio canal de entrada a la misma, ubicada justo frente al boulevard de ingreso a la ciudad y culminando en un skate park sobre otro de los bordes. Aprovechando el nivel topográfico se construyeron las gradas de un importante anfiteatro acondicionado para realizar todo tipo de enventos.






