“El Director de Afrotech, Jonathan Ledgard se me acercó y me dijo… Usted ha construido el mayor aeropuerto del mundo, ahora ¿cómo se siente para hacer el más pequeño?”, cuenta Lord Foster y agrega, “lo que comenzó como el aeropuerto más pequeño del mundo podría llegar a ser más grande que el aeropuerto más grande, en términos de magnitud e impacto.”
La propuesta busca crear una red de instalaciones capaces de transportar suministros médicos y otros artículos de primera necesidad a las regiones inaccesibles mediante dispositivos voladores no tripulados, conocidos como drones. Este proyecto, diseñado por el arquitecto Norman Foster fue expuesto en la 15ª exposición de Arquitectura Internacional, mediante un prototipo a escala real del llamado droneport.
El uso de dispositivos robots que vuelan mueven mercaderías más rápido, más barato y con mayor precisión pero sus lugares de aterrizaje deberán ser diseñados para ser resistentes y lo suficientemente baratos para atender a las comunidades más necesitadas.

“África es un continente donde la brecha entre la población y el crecimiento de la infraestructura está creciendo exponencialmente”, explica Norman Foster. “La falta de infraestructura terrestre tiene un impacto directo sobre la capacidad para entregar suministros que dan vida, de hecho, algo tan básico como la sangre no siempre está disponible para el tratamiento oportuno y por eso es que necesitamos soluciones inmediatas, audaces y radicales para abordar esta cuestión.”
Particularmente en Ruanda, un país cuya situación geográfica y social enfrenta numerosos desafíos, el plan inicial comprende tres edificios, que se completarán en 2020, permitiendo el envío de suministros a un 44% del país.
El proyecto se situó en el centro de Ruanda pensando en expandirlo a países vecinos como el Congo. El objetivo es que todas las ciudades pequeñas en África y otras economías emergentes, puedan tener su propio droneport para el año 2030.

Pensada como una nueva tipología de edificios, la terminal proporcionará el espacio para el aterrizaje seguro de aviones no tripulados e incluye un centro de salud, un taller de fabricación digital, una sala de correos y mensajería y un centro de comercio electrónico. El droneport se planificó como un “conjunto de piezas” que intentan dejar la mínima huella ecológica, indicador de impacto ambiental muy usado. Para ello, este edificio está resuelto modularmente con estructuras abovedadas en las que sólo el encofrado y el ladrillo prensado a máquina, se entregan en el sitio, mientras las materias primas, tales como arcilla para ladrillos común y piedras para los cimientos, son de origen local reduciendo los costos de transporte.
La idea central es “hacer más con menos” y las estructuras de ladrillo abovedado, pueden ser fácilmente construidas con mano de obra local.
Las bóvedas múltiples también se pueden articular entre sí para formar espacios flexibles adaptables a la demanda, a las necesidades del lugar en particular y a la evolución de la tecnología de aviones no tripulados.

La bóveda prototipo comprende dos superficies exteriores, con una capa interna de baldosas tradicionales. Los ladrillos de tierra estabilizada son un material de construcción fiable, accesible y respetuoso del medio ambiente. En comparación con los ladrillos de arcilla cocida, no requieren el uso intensivo de leña u otro combustible para alcanzar su rendimiento.
Foster ha involucrado realmente a sus estudiantes en la construcción de los mini aeropuertos, no como una manifestación académica, sino como una forma de probar la transferncia de la propuesta.
En definitiva, cada módulo será un conjunto de materiales y procedimientos que serán enviados a lugares remotos y tendrá que ser construido según una serie de pasos establecidos. En este sentido, el prototipo no sólo es un objeto, sino también implica una técnica con que se construye.

La Fundación Norman Foster ha colaborado con el Estudio Olafur Eliasson y Little Sun para explorar el potencial de un nuevo ladrillo llamado ‘SolarBrick’, que se podría incorporar en la estructura de las bóvedas.
El ‘SolarBrick’ tendrá células solares sobre su superficie exterior, que permitirían la carga de una batería de larga duración y pueden encender una lámpara LED en la superficie interna. Los ladrillos podrán imprimirse en 3D proveer luz donde es escasa.



