Una mirada Humanización arquitectónica

Arquitectura sensible

Arquitectura sensible

Según los datos publicados por el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía, para el año 2050, en nuestro país una de cada cinco personas tendrá 65 años o más.

Argentina se encuentra atravesando un proceso de envejecimiento poblacional debido a que la tasa de natalidad en los principales centros urbanos ya está muy por debajo del nivel mínimo de reposición (2,1 hijos por mujer), mientras que la tasa de mortalidad decrece significativamente desde 1960. Se pronostica un aumento brusco adicional para 2030, cuando los baby boomers (nacidos entre 1945 y 1964) terminen de jubilarse.

Pensar en el impacto de estas estadísticas dentro del contexto de la arquitectura es pensar en la atención médica, el diseño de hospitales y residencias y las ciudades accesibles. Sin embargo, esto pasa por alto un problema emergente y grave: la soledad y el aislamiento social.

Arquitectura sensible

La soledad crónica entre la población anciana es increíblemente importante y se han realizado una cantidad significativa de estudios que la relacionan con un mayor riesgo de discapacidades, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y demencia.

Los arquitectos pueden colaborar abordando la soledad en su origen y ayudar a aumentar la calidad de vida de una parte de la población que a menudo se encuentra aislada.

Arquitectos y promotores han comenzado a replantearse cómo se debe encarar la residencia para personas mayores y el nuevo enfoque presenta una propiedad ligera, moderna y con un diseño muy sensible, exactamente lo contrario de la imagen tradicional. En estos esquemas, parte de la solución es hacer que la vivienda sea deseable para los residentes independiente de los gustos percibidos o tradicionales. Vivir en comunidades de jubilados modernas brinda una oportunidad para el compromiso y la interacción y permite a los residentes conservar su independencia.

Para las clínicas, este desarrollo significa que es necesario un enorme replanteo: además de la enfermedad aguda a tratar, se deberá tener en cuenta desde el aumento de las restricciones cognitivas adicionales hasta la demencia. “Los pacientes de edad avanzada y, en particular, aquellos que sufren de demencia o deficiencias cognitivas habitualmente se perciben como un obstáculo para la rutina diaria del hospital tradicional, orientado a la eficiencia, con un entorno difícil de entender”, dice el arquitecto Birgit Dietz del Instituto Bávaro para la Demencia y la Edad. “Una arquitectura apropiada para la edad y la demencia puede, sin duda, contribuir a la calidad de la estadía de estos pacientes y, por lo tanto apoyar el proceso de curación.”

La Guía para la Arquitectura Sensible a la edad y la demencia en hospitales agudos, publicada a fines de abril de 2018, consiste en una colección estructurada, a la que se puede acceder en línea, de consejos de planificación arquitectónica aplicando seis principios de diseño:

• Garantizar la seguridad.

• Proporcionar competencias orientadas a los recursos y por lo tanto, promover la independencia.

• Un diseño familiar para promover la seguridad emocional.

• Ofrecer estimulación sensorial y mental dentro de lo posible.

• Proteger la privacidad.

• Permitir la interacción social.

El diseño innovador de residencias para adultos puede y debe avanzar en la práctica del pensamiento colaborativo y la toma de decisiones individuales y colectivas pensando en espacios que propicien momentos de reflexión y conexión. La mitad de los residentes de hogares de ancianos están allí debido a los déficits sociales y la pérdida de su entorno, no por problemas de salud; se necesita encontrar formas de ayudarlos a conectarse.

Nunca debiera haber hogares de ancianos aislados, deben ser parte de un edificio o complejo más grande, para que haya un equilibrio saludable entre los pacientes de los hogares de ancianos y la población en general.

Es muy importante que las comodidades estén organizadas evitando la segregación, espacios tranquilos y de meditación que beneficie a todos.

Teniendo en cuenta los estados particulares de angustia emocional, ansiedad, desamparo y autonomía personal reducida que pueden caracterizar las experiencias de reubicación de los adultos mayores en una instalación residencial, se debe prestar una atención significativa a las características del diseño para fomentar el proceso de adaptación al nuevo entorno residencial.

Un concepto que se está aplicando a los entornos sanitarios es la “humanización arquitectónica”, evocando las características de “hotel” u “hogar”.

Ejemplos de humanización arquitectónica de las estructuras sanitarias son la presencia de áreas para cocinar, interactuar o jardinería, la reducción del número de camas en las habitaciones de hospitalización, un área de recepción similar al lobby de un hotel donde se puede obtener información (con plantas, pinturas y otros muebles decorativos ), la eliminación de obstrucciones visuales. Contribuye a la humanización de espacios el uso de materiales cálidos (tales como madera, en lugar de elementos fríos y asépticos como los metales), la presencia de colores y mobiliario confortable y la posibilidad de personalizar los espacios de las habitaciones con objetos familiares y vistas de espacios verdes. Un entorno más humanizado debería potenciar el nivel de satisfacción residencial, es decir, la experiencia de placer o gratificación derivada de vivir en el lugar indicado.

Esto puede ayudar a reducir el posible impacto estresante que puede provocar salir de casa, así como promover patrones positivos, como la satisfacción con la estructura residencial, la formación de vínculos de apego con el nuevo lugar y el control percibido sobre el entorno, que son todos elementos importantes de un envejecimiento “gratificante”.

Las investigaciónes sobre las preferencias ambientales mostraron que las personas se inclinan por los entornos naturales, con efectos positivos para mejorar la recuperación tanto del estrés como de la fatiga de la atención y también en el fomento de experiencias que son esenciales para la autorregulación y control emocional.

Se recomiendan la luz natural y las vistas de la naturaleza para lograr beneficios para la salud de los ocupantes de las instalaciones de atención médica, como así también ambientes curativos y residenciales. Incorporar espacios verdes que pueden promover experiencias regenerativas con beneficios psicológicos, tales como la reducción del estrés y el aumento de la tolerancia al dolor.

Tanto la variedad de estimulación sensorial como un conjunto de componentes físicos (plantas, pavimento, jardineras y bancos) y propiedades espaciales (configuraciones simples y lugares para la interacción social) representaron en el estudio, los atributos de los jardines que podrían ayudar a mejorar a los adultos mayores, las habilidades relacionadas con la accesibilidad y la orientación.

En otras palabras, diseñar instalaciones residenciales más humanas caracterizadas por un estilo arquitectónico determinado y rodeadas de agradables espacios verdes, puede incrementar los niveles de comodidad y satisfacción de los residentes mayores, mejorando así su bienestar general y calidad de vida.

Es claro que al diseñar para personas mayores todas las disciplinas están involucradas y necesitan lograr tener influencia en la ciudad del futuro para poder marcar la diferencia.

Este artículo se publicó en la edición 59 de Vivir Urbano. Leer la edición completa