Las energías renovables están transformando rápidamente la ecuación energética mundial y sin duda una de las principales razones es la necesidad de reducir los costos de una creciente demanda. En este aspecto la energía eólica terrestre y la energía solar fotovoltaica son cada vez más baratas que la producida por las plantas existentes de combustibles fósiles.
Cuando se habla de energías renovables una de las principales barreras es su densidad energética, que refiere a la gran superficie de terreno que se necesita para generar la misma energía que las centrales tradicionales. La idea es proteger y preservar la tierra cultivable y minimizar los impactos que pueden ocasionar la instalación de millares de paneles sobre tierra firme.
Este factor determinante ha promovido el gran crecimiento de los parques solares flotantes en todo el mundo ya que se montan sobre el agua aprovechando superficies que no pueden ser utilizadas para otro destino como es el caso de aguas de mar abierto, lagos sin valor ecológico o aguas embalsadas.

Las estructuras de flotación siguen múltiples configuraciones de orientación e inclinación para optimizar su rendimiento logrando combinaciones eficientes de horas de sol, viento o humedad. Abren enormes oportunidades para ampliar la capacidad de generación de energía con múltiples ventajas siendo una de las más relevantes, su mayor rendimiento ya que el agua enfría los paneles y mejora su eficiencia entre un 5% y un 10% en comparación con los paneles solares convencionales además de la mejora que produce trabajar con menor temperatura ambiental.
En cuanto a su impacto en el medio ambiente, se ha comprobado la reducción de la evaporación de agua en los embalses y la mejora de la calidad del agua por el menor crecimiento de algas, además de no dejar marcas en el suelo a largo plazo.
Una tecnología aún incipiente con una amplitud de cualidades a considerar, cada vez más competitiva sobre todo en el desarrollo económico y la creación de empleo, al tiempo que reduce las emisiones y fomenta la innovación tecnológica.

Si bien los costos de energía fotovoltaica continúan bajando son las políticas gubernamentales las que necesariamente deben fomentar su uso y competencia y estimular la inversión. Sin duda dentro de los desafíos que ha disparado el Covid-19 la energía no ha quedado fuera y se han tenido que extender los plazos de las implementaciones y las puestas en marcha además de postergar las licitaciones planificadas. Pero sin duda son los gobiernos los protagonistas fundamentales en su implementación.


