Aquí se plasma nuevamente la premisa “menos es más” reflejando el simple, elegante y balanceado diseño del exterior de la vivienda.
Los cortes rectos, los colores claros y las superficies acristaladas son algunos de los aspectos más sobresalientes de esta casa que, también apuesta por un interiorismo totalmente blanco, tanto en paredes, como en los muebles y la decoración, que sólo se ve salpicado por pequeñas notas de color protagonizadas por las plantas que decoran los espacios.
Esta casa de una sola planta se encuentra en un amplio terreno con un jardín que se convierte en el protagonista del diseño.

El arquitecto tuvo en cuenta como puntos principales del diseño, el aprovechamiento de la luz y la privacidad, premisas ampliamente logradas.
En el exterior, la fachada blanca captura las luces y las sombras. Funcionalmente, el área más alejada de la entrada, trás atravesar el pasillo y las zonas comunes, alberga los dormitorios de los niños y los cuartos de baño, lavandería, etc.
La cocina se ubicó en el centro de la casa, potenciando las diferentes relaciones con los diversos espacios que componen el programa. La sala de estar se configura donde es posible que el usuario tenga una amplia relación visual con el exterior.

El sector de cochera se ubica hacia uno de los lados, techado pero abierto, para un ingreso y egreso cómodo y rápido. El techo es plano, con volúmenes salientes que acentúan la morfología revelando el movimiento y equilibrio de las fachadas.
Con sus líneas limpias y diseño minimalista se logra una apariencia elegante que realza la estética de la vivienda.
Todas las áreas de la casa están inundadas de luz natural y aire fresco gracias a los grandes ventanales que permiten que la naturaleza que rodea la casa se introduzca en los espacios borrando esencialmente el límite entre el exterior y el interior, inundando los espacios blancos con los tonos verdes del jardín.
El arquitecto consiguió crear ambientes tranquilos y cómodos para sus clientes, donde se respira la calma y todo invita al sosiego


