Una de las teorías geográficas de mayor influencia, en el momento en que predominaban los trabajos empíricos del Urbanismo (1933), fue la del geógrafo Christaller que formula la teoría “de los lugares centrales” para regular la distribución de los asentamientos en el espacio. Contemplaba a las ciudades como abastecedoras de bienes y servicios, al transporte que permite el acceso al intercambio y al producto o servicio.
La escala y la naturaleza de la movilidad urbana están cambiando rápidamente.
La mayor urbanización, la digitalización de nuestra sociedad, los nuevos modos de transporte y servicios influyen en nuestra movilidad y opciones de traslados.
La movilidad urbana ya no consiste únicamente en desplazar personas en vehículos motorizados. Lo que la gente realmente necesita es accesibilidad a diversos servicios urbanos. Sin embargo, el intenso proceso de urbanización de las sociedades ha producido congestionamiento de tránsito, problemas económicos, sociales y ecológicos en detrimento de la calidad de vida de sus habitantes, y plantea una nueva reflexión en torno a los espacios.
La revalorización de los modos de desplazamiento, dió lugar a nuevos desafíos urbanos y la redefinición de los espacios de la movilidad.
En la actualidad, el Ministerio de Transporte de Argentina concibe a la movilidad “como una actividad en el territorio que toma en cuenta la conjugación tanto de deseos y necesidades de desplazamiento de las personas y de las capacidades de satisfacerlos”.
La revalorización de los modos de desplazamiento olvidados (el tren, la caminata, la bicicleta, la motoneta, y otros nuevos vehículos eléctricos e híbridos con energías alternativas como los monopatín, bicicletas, sillas de ruedas eléctricas, monociclos y los nuevos modos de compartir el mismo vehículo con un mismo servicio), generan nuevos modos de utilización móvil para diversas etapas etáreas, diferentes velocidades, formas de uso y requerimientos de los espacios urbanos al momento del diseño. Estas nuevas características de la movilidad son generadoras de controversias porque, por un lado, abaratan costos, reducen el consumo de combustible, disminuye la velocidad del tránsito urbano, no necesitan estacionamiento de grandes dimensiones pero por otro lado, se genera mayor fricción conflictiva con el automóvil provocando mayor cantidad de accidentes y otras situaciones de inseguridad.
Por estos motivos, es importante analizar en profundidad, no sólo el aspecto físico y funcional de los espacios urbanos, sino, comprender otras lógicas como los recorridos que frecuentan estos modos alternativos. Teniendo en cuenta la seguridad vial, los sitios donde los giros vehiculares, los cambios de carril y los cruces peatonales provocan accidentes con mayor frecuencia.
Construir espacios para una movilidad más segura y confortable implica la inclusión de diferentes edades y situaciones de individuos y grupos de personas, como también el diseño de nuevos dispositivos de seguridad vial como señales de tráfico, marcas en el pavimento y de carriles, marcas reflectantes, espacios públicos especiales para su desplazamiento y estacionamiento, buena iluminación y seguridad.
Este desafío como tantos otros, impondrán cambios radicales para que se efectúe el desarrollo urbano sustentable, que demandarán respuestas adaptadas a cada contexto de aquellos que toman decisiones en el espacio público.
La política de la movilidad y su gestión necesita de acciones que prevean los conflictos urbanos para optimizar y efectivizar una mejor calidad de vida de sus ciudadanos. Por lo tanto, pensar en nuevos escenarios, anticiparse y ser capaz de responder con rapidez y flexibilidad se convierten en condiciones cruciales para una política de tráfico y transporte y una gestión del tránsito eficaces.



