Frei Otto (Arquitecto alemán, 1925/2015), célebre por sus cubiertas y tensoestructuras, es considerado la máxima autoridad científica y la personalidad artísticamente más relevante de la escena internacional. Desde principios de los sesenta llevó a cabo una investigación fundamental en los campos de las construcciones naturales y de la bioecología.
El encuentro con obras de Frank Lloyd Wright, Eero Saarinen y Mies van der Rohe es fundamental. En 1957 funda en Berlín un taller para construcciones ligeras (más tarde se convertirá en el Instituto-IL en el Politécnico de Stuttgart). La investigación y la experimentación lo llevan a estudios teóricos, publicaciones e incluso a visiones utópicas con ideas para cubrir puertos y ciudades.
Basta con observar el trabajo de Otto, ante la rigidez constructiva que había imperado en la primera mitad del siglo XX y que puede observarse en los edificios de la Alemania nazi o las estructuras de corte soviético, él propone la ligereza absoluta. Frente a las líneas rectas él prefiere las curvas.
Basado en sistemas estructurales tensionados y el análisis de sistemas naturales de superficies mínimas (telarañas y pompas de jabón) desarrolla los sistemas izados de membranas; constituidos por membranas sujetas a mecanismos de poleas y cables.
En constante exploración de posibilidades constructivas y formales, sus obras se convierten en referencia y estudio y son ejemplos de una visión proyectual que integra funcionalidad y estética.
Estas obras todavía hoy transmiten una modernidad extrema por los factores que las constituyen, como ligereza, movilidad, simplicidad, economía y bajo impacto ambiental.
En un diálogo constante que respeta todos los componentes del proyecto (el ambiente, el vacío, lo construido y lo existente), sus obras mantienen inalterable el encanto de la improvisación y la poesía que surge de los medios técnicos más sencillos y minimalistas, sin imponer nunca su presencia en el paisaje.
Diseña la cubierta del teatro de Wunsiedel (1963); el pabellón de la República Federal de Alemania en la Exposición Universal de Montreal (1967) y las cubiertas de las instalaciones para los Juegos Olímpicos de Múnich (1972, con Günter Behnisch) que lo consagran a nivel de crítica internacional.
En el 2015 recibió el Premio Pritzker, un día después de su fallecimiento, reconociéndolo por sus “ideas visionarias, espíritu curioso, la fe puesta en los conocimientos e inventos y la forma de utilizar los recursos con atención y mesura”.


