Una obra

Un tamiz de luz

Un tamiz de luz

En la ciudad de Juana Koslay al pie de las sierras, se encuentra este conjunto de tres departamentos idénticos. Cuentan con una fachada de doble piel formada por un cribado de ladrillo visto armado y aberturas de piso a techo.

Las piezas de mampuesto se disponen de diferentes formas, produciendo entramados variables e incluso vanos que permiten el ingreso de la luz natural de diversas maneras.

Este recurso formal permite un juego controlado de llenos y vacíos, donde el ladrillo actúa como un tamiz lumínico. Los vacíos generados por la disposición de las piezas forman filtros visuales que matizan la luz natural según la orientación y las condiciones climáticas, aportando diferentes atmósferas a lo largo del día.

Los muros cribados generan entramados que influyen en las texturas pero sobre todo en la luz.
Los muros cribados generan entramados que influyen en las texturas pero sobre todo en la luz.

Variando la densidad de la trama, puede graduar la opacidad, permitiendo un diálogo constante entre el interior y el exterior sin comprometer la seguridad o el aislamiento térmico.

La permeabilidad del ladrillo cribado también favorece la ventilación natural, permitiendo la entrada de aire fresco mientras mantiene un control pasivo sobre la radiación solar. Esta solución arquitectónica resulta especialmente adecuada para climas cálidos o templados, donde es crucial mitigar el impacto del calor sin perder confort.

Estéticamente, las paredes de ladrillo cribado introducen una textura que da profundidad y ritmo a las fachadas. La percepción del muro varía dependiendo del punto de vista del observador y de las condiciones de iluminación, lo que lo convierte en un elemento en constante transformación.

Un tamiz de luz

Funcionalmente, la planta baja es libre y el espacio es continuo, permitiendo ventilación cruzada. En la planta alta se encuentran los dormitorios, baño, lavadero y la salida a la terraza.

La estructura de la cochera está resuelta para lograr ligereza visual empleando una estructura metálica de caño con cable de acero que no interfiere en la lectura general del conjunto, manteniendo la coherencia formal y la fluidez espacial.

Este conjunto de departamentos responde a un lenguaje arquitectónico que dialoga con el contexto y utiliza recursos sencillos para maximizar la habitabilidad, sin descuidar la estética ni la funcionalidad.

Ficha técnica: Arquitectos: Emanuel Luberriaga, Stefanía Malerba. Fotografía: Florencia García y Agustina Mandelli.

Este artículo se publicó en la edición 84 de Vivir Urbano. Leer la edición completa