La señalética accesible es una herramienta clave para garantizar el derecho a la orientación y la autonomía. En edificios públicos y privados, comunicar de forma clara y comprensible es tan importante como resolver circulaciones o niveles. El criterio fundamental es la legibilidad. Las tipografías deben ser simples, de trazo uniforme, con un tamaño proporcional a la distancia de lectura. El uso del color es útil, pero no todas las personas lo perciben del mismo modo. Los contrastes cromáticos entre texto y fondo deben ser altos, preferentemente superiores al 70 %, para evitar confusiones. La cartelería debe instalarse a una altura que permita la lectura desde una silla de ruedas y ubicarse en puntos estratégicos, accesos, ascensores, baños, escaleras. Tiene que repetirse acompañando el recorrido del usuario, sin sobrecargar ni saturar el espacio. Incluir lectura braille y recursos táctiles es habitual. Los materiales deben ser durables, con superficie antirreflejo y grabado profundo. Los pictogramas deben ser universales, normalizados, fácilmente reconocibles y combinados con texto para facilitar su interpretación. El sistema completo debe mantener unidad gráfica y material, sin mezclas de estilos o improvisaciones que alteren su coherencia. Colocar señalética accesible también beneficia a quienes atraviesan situaciones temporales, visitan lugares por primera vez o se desplazan en condiciones desfavorables. Diseñar señalética clara y eficiente es proyectar con responsabilidad social.
En San Luis, integrarla como parte inseparable de cada obra es ampliar el acceso al entorno construido y es un gesto de equidad.





