Una obra

El juego de los encastres

Edificio Cubo Mágico (Qube) - Puerto Madryn
Edificio Cubo Mágico (Qube) - Puerto Madryn

Inspirarse en la lógica de los juegos no significa diseñar edificios extravagantes sino incorporar sus reglas como una herramienta proyectual para romper con la repetición, provocar nuevas experiencias espaciales y construir una identidad propia.

Oporto–Diez Arquitectos desarrolló en la Patagonia una serie de edificios inspirados en juegos como Jenga, el Cubo Mágico, Tetris y, próximamente Dominó. En ellos, los volúmenes se desplazan, se apilan o se encastran como si replicaran la dinámica del juego que les da origen. La composición rompe con la simetría tradicional mediante piezas salientes, llenos y vacíos, y una combinación de materiales que alterna superficies blancas y planos de color.

Los proyectos proponen una forma distinta de recorrer la arquitectura. Quiebres, dobles alturas, patios inesperados y cambios de dirección convierten la circulación en una experiencia de descubrimiento.

Edificio Tetris - Puerto Madryn
Edificio Tetris – Puerto Madryn

No hay ornamentos ni gestos gratuitos: cada desplazamiento genera terrazas, mejora las visuales, optimiza el asoleamiento o modifica la percepción de la fachada a medida que cambia la luz. La arquitectura encuentra su carácter en la organización del espacio y no en la decoración.

El color ocupa un lugar central dentro de ese lenguaje. No funciona como un revestimiento, sino como un recurso proyectual que acentúa recorridos, jerarquiza volúmenes y transforma la percepción de la escala. A lo largo del día, la luz modifica la intensidad de las superficies coloreadas.

“Rompimos el prejuicio de que lo disruptivo no es funcional”, resume uno de los arquitectos del estudio. La afirmación sintetiza una búsqueda donde el concepto puede leerse en los volúmenes, en los llenos y vacíos y en la relación que el edificio establece con quienes lo habitan y lo recorren.

Más que una colección de edificios temáticos, la obra de Oporto–Diez propone que el juego deje de ser una referencia infantil para convertirse en arquitectura con identidad, memoria y una fuerte presencia urbana.

Este artículo se publicó en la edición 94 de Vivir Urbano. Leer la edición completa