Una obra Hotel Fouquet Barrières

Ni lindo ni feo, haussmanniano

Ni lindo ni feo, haussmanniano

A un viajero recién llegado, Paris se le exhibe como una ciudad glamorosa, a la moda, sin prejuicios, que le despabila los sentidos, a la que puede ir conociendo a través de su gente, sus monumentos, las texturas, variados aromas y sabores y así, sin más, quedará prendado de esta bellísima ciudad.

Intentar realizar una descripción de Paris a partir del orden urbanístico y arquitectónico, no es tarea sencilla ya que su vasto patrimonio es sobreviviente a todas las guerras que se desarrollaron en Europa desde la época medieval hasta la segunda guerra mundial.

La última gran intervención arquitectónica y urbanística que sufrió la ciudad fue en función de las necesidades concernientes a la velocidad en los operativos militares, ya sea de evacuación, movimientos de tropas etc. y a tratar de paliar las insuficiencias en salubridad e higiene de la ciudad.

Ni lindo ni feo, haussmanniano

Estas modificaciones fueron ideadas y llevadas a cabo por el Prefecto Georges Eugene Haussmann, en el año 1852, ya que un año antes por orden de Napoleón III se le había encargado la modernización de Paris.

A partir de ese momento el “Estilo Haussmann” (ver recuadro) modificó el 60 por ciento de los edificios de Paris.

En este estilo se inspiró el arquitecto parisino Edouard Francois cuando el grupo Barrières le encargó la remodelación y puesta en valor de su empresa insignia: el Hotel Fouquet, situado en “el triangulo dorado” que forman la avenida Campos Elíseos, la avenida Jorge V y la Rue Vernet.

Ni lindo ni feo, haussmanniano

En 1999, el Grupo Lucien Barrière, cuyo negocio incluye hoteles y casinos, se hizo cargo del famoso restaurante Fouquet’s y pretendía sumarle un hotel de lujo por lo tanto, compró siete edificios colindantes, con frentes de distintos estilos arquitectónicos que daban a los Campos Elíseos, a la Avenida George V y a dos calles laterales para realizar el proyecto.

La idea era transformar el conjunto en una sola fachada, pero con la seguridad de que la Comisión de Patrimonio de la ciudad no permitiría la construcción de fachadas de estilos contemporáneos, Edouard François, tuvo en cuenta que la mayoría de los edificios que están sobre la avenida de Los Campos Elíseos son de estatus protegidos por ser de estilo Haussmann y a partir de ello concibió y llevó a la práctica la novedosa idea de escanear digitalmente los 90 metros de la fachada del Fouquet (estilo Haussmann) y luego transformarlas en paneles de hormigón que servirian para revestir los edificios vecinos, unificando el estilo. Como la distribución interior no corresponde más a los niveles de fachada, las nuevas ventanas que parecen puestas al azar y en cualquier parte, en realidad han sido colocadas en su posición correcta.

La apertura de ventanas limpias, rectangulares, horizontales y bien enmarcadas, junto con el cierre de las ventanas “viejas”, deja claro que la fachada ha sido modificada.

Ni lindo ni feo, haussmanniano

La decisión de reproducir la típica fachada haussmanniana de los Campos Eliseos, con sus características, en paneles de hormigón gris, es más importante que una simple imitación: es una re-interpretación de lo “viejo”.

Las dimensiones de los paneles de hormigón no son los mismos que los típicos bloques de piedra de Paris pero la composición de tonos de gris los evoca claramente.

Por la precisión del trabajo de reproducción, a primera vista la fachada parece pertenecer a esa época y aunque luego se nos presente claramente falsa, el valor de este proyecto consiste en la originalidad de la técnica, que se abre a múltiples interpretaciones sobre la relación de la arquitectura contemporánea con el patrimonio pasado.

Este edificio ubicado en la zona más elegante de Paris llama la atención, es raro, distinto, incomprensible; pero parece refutar aquello que nos enseñó el famoso arquitecto y paisajista italiano Bruno Zebi “o se es funcionalmente moderno o simétricamente clásico, nunca las dos cosas al mismo tiempo”.

Estilo Haussmann

Durante el gobierno del emperador Napoleón lll y a las órdenes del funcionario civil, Georges Eugène Haussmann se llevó adelante, entre 1852 y 1870, un proyecto de profundas reformas sobre Paris.

Urbanísticamente, la idea principal era construir calles anchas para que fuera posible el movimiento de tropas y de la artillería.

Haussmann proyectó una red de amplias avenidas que unirían las principales estaciones de trenes, de manera que las tropas pudieran entrar en combate en un corto periodo de tiempo.

En relación a la construcción, las normas eran claras: no más de 5 plantas, máximo 20 metros comprendiendo los entresuelos, tejados de cinc con mansardas, muros de piedra caliza, rejas negras, balcones como mínimo en los cuerpos 2 y 5 y remate de chimeneas en cerámica roja.

El poco espacio con el que contaban los arquitectos para lucirse en sus diseños provocó que al final todos presentaran diseños muy similares, básicamente en estilo neoclásico. De esta manera sería en los fascinantes detalles arquitectónicos tales como columnas, ménsulas, rosetones o molduras de la fachada en los que cada arquitecto podía destacarse sobre los demás.

En su interior un apartamento de este estilo estaba compuesto por habitaciones amplias, techos altos, balcones y suelos de tarima maciza en espigas. Las ventanas y puertas debían ser de grandes dimensiones y las zonas de uso principal estar orientadas hacia la calle.

Este artículo se publicó en la edición 41 de Vivir Urbano. Leer la edición completa