En referencia a la nota publicada en la revista que dirige en la edición 44 del mes de abril de 2018, titulada “Cuidad escolar: Una propuesta de paso” me comunico con usted a fin de manifestar mi opinión ya que considero que el informe realizado genera un espacio propicio para la participación y el análisis. En primer lugar, coincido con el planteo que realiza sobre el tránsito y la injerencia que tienen los establecimientos educativos ubicados en el centro de la ciudad, ya que la mayoría de las escuelas estatales del microcentro datan de finales del siglo XIX y principios del XX, sin contar la cantidad de establecimientos privados que posteriormente se construyeron. Por ese entonces, según datos del censo nacional del año 1895, la provincia de San Luis contaba con 81.450 habitantes y si establecemos un paralelo con la actualidad, es necesario mencionar que la provincia cuenta hoy con alrededor de 121.000 estudiantes en los diferentes niveles educativos. Si bien esta información se refiere a la totalidad del territorio, sabemos que la mayoría se concentra en la capital, por lo que puede afirmarse que hoy el número de estudiantes supera a la cantidad de habitantes que había en el momento que fueron construidos estos establecimientos. Sin dudas, la planificación urbanística de la ciudad y los paradigmas educativos ya no son los mismos. Del caos vehicular o la organización del tránsito seguramente los especialistas tendrán propuestas con fundamentos sólidos para buscar una solución y lo mismo considero en relación a la refuncionalización del espacio que ocupa hoy el ejército, que como bien señala usted, ha quedado encerrado en medio de la ciudad. Sería bueno que sus integrantes tengan la posibilidad de contar con un predio que les posibilite el desarrollo profesional para este tiempo y el futuro. Independientemente de lo relativo al tránsito, su nota me resulta por demás interesante porque no son muchos los medios que hoy abren el debate a cuestiones educativas, mucho menos vinculadas con el espacio. Si se realiza un análisis de lo ocurrido en las últimas décadas, veremos que la construcción de las escuelas ha sufrido variaciones mínimas en cuanto a su estructura: Se han generado laboratorios, radios, espacios de usos múltiples, salas de informática, etc. pero aún se piensa en el aula como el espacio ideal para el desarrollo del proceso de enseñanza aprendizaje, y éstas respetan parámetros similares desde hace 200 años. Creo que ya es hora de repensar el uso del espacio en la educación y animarnos a tomar los riesgos que esto implica. Por esto considero que el desafío de planificar una “ciudad escolar” que usted propone nos obliga como sociedad a asumir la necesidad de planificar, también desde lo edilicio, la escuela del futuro.
Vea usted los siguientes datos: La escuela Bernardino Rivadavia fue fundada en el año 1.885; La escuela Paula Domínguez de Bazán en 1.884; el ex Colegio Nacional, monumento histórico y patrimonio cultural, en 1.869; la Escuela Lafinur en 1.886; la escuela Mitre en 1.905; la escuela Manuel Belgrano en 1.907. Sin dudas esta fue una época revolucionaria en lo relativo a la construcción de escuelas y seguramente las mismas fueron planificadas con criterios modernos para la época, con misiones, visiones y valores apropiados para el contexto y su proyección al futuro inmediato. Pero luego de más de 100 años es necesario, por no decir obligatorio, analizar la concepción del espacio escolar desde otros paradigmas.
Hay algunos antecedentes que pueden considerarse para comenzar a analizar la propuesta de “Ciudad Escolar” como por ejemplo las escuelas Waldorf, que cuentan con sedes en varias provincias argentinas. Vale mencionar también que en San Luis hay iniciativas que asumen un uso diferente del espacio. En este sentido, ya se han acondicionado instituciones deportivas con propósitos pedagógicos bajo la modalidad de Escuelas Generativas. Otras entidades han asumido el riesgo de construir sus propios espacios desde otros paradigmas y han desarrollado concepciones de aprendizaje basado en proyectos en interrelación con otras entidades del medio.
Años de cambios y factores propios de la evolución tecnológica marcan una enorme brecha entre los espacios educativos planificados en siglos pasados y los actuales. Es por ello que agradezco al medio que dirige la posibilidad de generar un lugar para replantearnos las necesidades de las sociedades que conformamos. Por último, y aprovechando la posibilidad de que consideren mi opinión, me despido afirmando que las escuelas del futuro deben planificarse considerando espacios que posibiliten el vínculo entre lo pedagógico y lo social, lo cognitivo y lo emocional, lo tecnológico y lo corporal en armonía con el entorno ambiental.



