Una historia Baoris de India

Escaleras mágicas

Rani ki vav
Rani ki vav

Los primeros baoris o aljibes escalonados fueron construidos entre los siglos III y IXX y su forma y tamaño varían mucho de una región a otra. El interés por los mismos aumentó cuando en el 2014, la UNESCO nombró el Rani ki Vav Patrimonio de la Humanidad.

Los baoris son pozos tradicionales o aljibes que adoptan la forma de un cono invertido y que incluyen en su estructura varias terrazas unidas por enormes tramos escalonados. Se estima que en la India se construyeron cerca de 3000 y los más famosos a mitad del medioevo.

La función de los baoris no sólo es recoger el agua de la lluvia para abastecer a los habitantes de una localidad o región, sino también, ser lugares de descanso y purificaciones rituales, debido a que el agua tiene un rol muy importante en la filosofía hindú. Es conocida como tirtha, (lugar de cruce) y simboliza el límite entre el cielo y la tierra.

Chand Baori, Rajasthan
Chand Baori, Rajasthan

En las estaciones secas los tramos de escaleras llegaban al agua subterránea, mientras que en época de monzones, los escalones se sumergían a medida que el agua subía. Sin duda, muy arriesgado para las mujeres que buscaban agua diariamente.

Los dos tipos de baoris más comunes son los estanques abiertos al aire libre, de poca profundidad y los que tienen un pozo profundo, protegidos de la luz solar por un techo. El estilo de diseño de los pozos escalonados es impresionante: lineal, cuadrado, en forma de L o redondo; construido con mampostería, ladrillo o escombros; escalonado o monumentales, llenos de esculturas o modestos, no hay dos iguales pero están situados en lugares que, con frecuencia, ni los lugareños saben dónde encontrarlos.

Los pozos eran costosos actos de caridad que demostraban a la población, la benevolencia de los gobernantes locales y patronos adinerados. Se cree que el veinticinco por ciento de las estructuras fueron pagadas por mujeres en honor a sus esposos o hijos fallecidos.

Dabhai Kund
Dabhai Kund

Típicos de la India, no hay otro lugar del mundo donde los pozos hayan adquirido una forma y tamaño tan espectaculares.

Muchos se conservan en buen estado y otros están en completo estado de abandono. Se está tratando de concientizar sobre la recuperación del patrimonio y se están llevando a cabo iniciativas para mejorar su conservación.

Rani-ki-vav – Patan

El ‘Pozo de la Reina’ es uno de las más grandes y suntuosas estructuras de su tipo. Diseñado como un templo invertido está dividido en siete niveles de escaleras con paneles escultóricos de gran calidad artística, más de 800 esculturas repartidas entre columnas ricamente talladas. Esconde un túnel de 30 km. que conecta la ciudad de Patan con Sidhpur, un lugar de escape para el rey en momentos de necesidad.

Agrasen ki Baoli
Agrasen ki Baoli

Dabhai Kund

DABHAI KUND, con forma de pirámide invertida, también conocido como la cárcel Kund. Tiene tallas increíbles en los escalones que llevan al nivel del agua. Es considerado como uno de los kunds más grandes de Bundi. Los kunds no son más que pozos empinados construidos por los reyes que residieron aquí. El Dabhai Kund fue construido por Prithviraj Chauhan.

Chand Baori

CHAND BAORI EN JAIPUR, RAJASTÁN, es uno de los pozos más grandes y tal vez el más espectacular de todos. Posee una planta cuadrada y casi 20 metros de profundidad (una altura equivalente a un edificio de 9 pisos), con un doble tramo de escalones y nada menos que trece niveles, por supuesto escalonados: 3.500 escaleras que permiten acceder al pozo, no sin esfuerzo. La profundidad de estos pozos permite que el aire se mantenga en el fondo unos 6 o 7 grados más fresco que en la superficie.

Agrasen ki Baoli

AGRASEN KI BAOLI es definitivamente una maravilla arquitectónica. Tiene tres pisos y 108 escalones que descienden hasta el pozo. Data de alrededor del 1300. Las paredes de piedra vestidas con diseños originales y las estructuras arqueadas son sombrías y desoladas, pero aún así hermosas. Mide 60 metros de largo y tiene más de 100 escalones, algunos de los cuales permanecen sumergidos.

Este artículo se publicó en la edición 48 de Vivir Urbano. Leer la edición completa